Con un estimado de 50.000 personas que aún continúan desaparecidas, la emergencia ha entrado en su fase más crítica e insostenible: la del abandono institucional.
En las últimas horas se confirmó la retirada definitiva de los equipos de rescate internacionales, al tiempo que el seguimiento oficial por parte de las autoridades locales ha cesado. La maquinaria pesada ha dejado de operar en varias de las zonas más afectadas, obligando a cientos de familiares a adentrarse entre las ruinas para excavar con sus propias manos, utilizando palas, picos o simplemente sus dedos entre el concreto fracturado.
La desesperación de los sobrevivientes contrasta con la crudeza del protocolo sanitario de emergencia que se ha implementado en la región. Ante el avanzado estado de descomposición de los restos y la colapsada capacidad de las morgues localizadas en el norte del país, los cuerpos recuperados que no logran ser identificados están siendo trasladados y enterrados en fosas comunes sin marcar.
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