Los sismos se originan desde la superficie hasta unos 700 kilómetros de profundidad. Los sismólogos los clasifican en tres niveles:
- Superficiales (0 a 70 km): Son los más peligrosos. Al ocurrir tan cerca de la corteza, las ondas llegan intactas a la superficie con máxima fuerza destructiva.
- Intermedios (70 a 300 km): Típicos de zonas de subducción (donde una placa se hunde bajo otra). Se sienten en zonas muy amplias, pero con menor violencia.
- Profundos (300 a 700 km): Ocurren dentro del manto terrestre. Aunque alcancen magnitudes altas, la gran capa de roca actúa como amortiguador y rara vez causan daños.
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