Tras su traslado a una nueva sede, el recinto luce semivacío, con pasillos desiertos y múltiples negocios cerrados.
La falta de clientes ha obligado a los comerciantes a reducir sus horarios de servicio. Algunos, como la cocinera Leticia Morales, mencionan que muchos compañeros prefieren no abrir sus locales, ya que las ventas no alcanzan siquiera para cubrir los insumos, resultando en desperdicio de alimentos. Incluso, algunos vendedores han optado por trabajar fuera del mercado, donde perciben que hay más movimiento.