La fuerza del oleaje ha provocado daños severos en la infraestructura turística y ha modificado drásticamente el paisaje costero, especialmente en la Zona Diamante de Acapulco, donde la franja de arena prácticamente ha desaparecido en varios puntos.

Comerciantes y prestadores de servicios turísticos locales reportan que llevan más de dos semanas enfrentando las consecuencias de este fenómeno natural. Las olas, que de acuerdo con las autoridades de Protección Civil han superado los 2.5 metros de altura, arrastraron mobiliario de playa, destruyeron enramadas y palapas, y alcanzaron zonas que habitualmente permanecen secas.

Ante esta situación, más de 700 prestadores de servicios turísticos en áreas como la playa del Princess se han visto obligados a suspender sus actividades regulares para dedicarse a las labores de limpieza, remoción de escombros y resguardo de sus herramientas de trabajo. Esta pausa obligada representa un duro golpe para la economía de decenas de familias que dependen del ingreso diario generado por el turismo.

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