Este fenómeno visual, que parece sacado de una película de ciencia ficción, ocurrió debido a la llegada del ciclón tropical Narelle. Antes de que la tormenta tocara tierra, los intensos vientos levantaron gigantescas cantidades de polvo y arena del desierto australiano, llevándolos hacia el océano.
Al haber tanta concentración de tierra en el aire, las longitudes de onda más cortas (azules y verdes) se bloquean, permitiendo que solo el rojo intenso y el naranja atraviesen la atmósfera.
La estructura de las nubes del ciclón Narelle sirvió como un “techo” que atrapó y rebotó esta luz, intensificando el tono carmesí sobre el mar.