Este movimiento no es solo para ganar velocidad. La razón principal de pegar sus orejas al cuerpo es puramente defensiva: evitar a toda costa que el agua entre en sus oídos, una zona extremadamente sensible donde la humedad atrapada podría causarles graves infecciones.
Aunque ver a un conejo surcar el agua con sus orejas replegadas es un fenómeno fascinante, los expertos en veterinaria y fauna silvestre recuerdan que este es un recurso de supervivencia.
A diferencia de los castores o las nutrias, los conejos no nadan por placer. El agua les genera altos niveles de estrés, por lo que este “modo natación” es, en realidad, un increíble kit de emergencia que la evolución les otorgó para ponerse a salvo cuando no queda otra opción.
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