Acapulco, Guerrero — Aunque científicamente la niñez concluye con la llegada de la pubertad (alrededor de los 12 años), habitantes de Guerrero coinciden en que la esencia de ser niño trasciende la edad biológica. En el marco de las recientes celebraciones infantiles, adultos locales compartieron cómo mantienen vivo su “niño interior” pese a las responsabilidades de la vida adulta.
Para muchos, la madurez física no implica el abandono de la capacidad de asombro y diversión. Leylani Dolores, ciudadana local, afirma que “nunca se deja de ser niño” porque siempre existe ese impulso por disfrutar las pequeñas cosas y compartir momentos de juego con los hijos.
Julio García menciona que, al crecer, las obligaciones naturales hacen que uno se “deslinde un poco de la emoción”, pero resalta que el cuerpo aún siente la atracción por la diversión y el esparcimiento.
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