La educación en el hogar ha dado un giro radical, pasando de un modelo basado en reglas estrictas y juegos físicos a uno dominado por el uso de dispositivos electrónicos. Según datos del INEGI, 7 de cada 10 menores de entre 6 y 11 años utilizan regularmente celulares o tabletas, lo que ha generado un debate entre generaciones sobre la pérdida de supervisión directa y la falta de convivencia afectiva en las familias actuales.
Madres y abuelas coinciden en que, si bien la tecnología facilita el acceso a la información, también se ha convertido en una herramienta para “entretener” a los niños, descuidando límites fundamentales como el respeto y la disciplina. El reto actual para los padres no es prohibir la tecnología, sino encontrar un equilibrio que permita aprovechar la era digital sin sacrificar los valores y la presencia física que fortalecen el desarrollo infantil.
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