Fue a retirarse el DIU y perdió las piernas: la historia que estremeció a México
Lo que comenzó como una visita médica de rutina terminó convirtiéndose en una tragedia que cambió una vida para siempre. Vanessa Dib, una mujer joven y madre de familia, jamás imaginó que acudir a un hospital para un procedimiento común derivaría en la pérdida de sus extremidades y en una lucha que hoy sigue dando de qué hablar.
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¿Cómo un procedimiento sencillo terminó en una pesadilla?
Vanessa acudió a una clínica para retirarse un dispositivo intrauterino (DIU) que le estaba causando molestias. El procedimiento parecía simple, pero con el paso de los días su estado de salud comenzó a deteriorarse rápidamente. Dolores intensos, infecciones y un diagnóstico tardío encendieron las alarmas cuando ya era demasiado tarde.
¿Qué errores médicos marcaron el rumbo de su historia?
Según su testimonio, el DIU fue retirado sin estudios previos que confirmaran su posición, lo que habría desencadenado una infección severa. Durante varios días, Vanessa buscó atención médica sin recibir una respuesta adecuada, hasta que su cuerpo colapsó y tuvo que ser internada de emergencia.
¿Por qué los médicos tomaron la decisión de amputarle las piernas?
La infección avanzó de forma agresiva y provocó una falla sistémica que puso en riesgo su vida. Para salvarla, los médicos tomaron una decisión extrema: amputar ambas piernas y realizar otras intervenciones quirúrgicas irreversibles. Vanessa sobrevivió, pero despertó en una realidad completamente distinta.

¿Cómo cambió su vida después de la amputación?
Además del impacto físico, Vanessa enfrentó un golpe emocional y económico devastador. Adaptarse a prótesis, rehabilitación constante y una nueva forma de vivir se convirtió en su día a día. A esto se sumó la indignación al conocer la indemnización que le fue ofrecida, la cual consideró insuficiente para reparar el daño sufrido.
¿Qué respuesta ha recibido de las autoridades de salud?
El caso escaló a instancias de derechos humanos, que emitieron recomendaciones para que se le brindara atención integral, apoyo médico permanente y una reparación del daño real. Sin embargo, el proceso ha sido largo y, hasta ahora, la respuesta no ha cumplido con las expectativas de la afectada.

¿Por qué su historia ha generado tanta indignación?
La historia de Vanessa tocó una fibra sensible porque refleja el miedo de miles de mujeres ante la posibilidad de una negligencia médica. Su caso abrió un debate nacional sobre la calidad de la atención en procedimientos ginecológicos, la responsabilidad institucional y el valor que se le da a la vida y dignidad de los pacientes.
¿Qué nos deja este caso como sociedad?
Más allá del ruido viral, nos enfrenta a una verdad incómoda: la necesidad urgente de escuchar a los pacientes, respetar los protocolos médicos y asegurar una atención rápida y humana. La historia de Vanessa no es solo una tragedia individual; es el reflejo de una falla estructural y de una deuda que el sistema de salud aún tiene con quienes confían su vida en él.
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