En las últimas horas, los brigadistas y cuerpos de rescate han recordado al mundo que la compasión no distingue especies: cada mascota rescatada entre los escombros es una vida que vuelve a empezar.
El milagro del reencuentro y la supervivencia ha sido posible gracias al valor inquebrantable de decenas de voluntarios, bomberos y rescatistas que, desafiando el peligro de nuevos derrumbes, tomaron la firme decisión de no dejar a nadie atrás.
Las labores de búsqueda, que ya sumaban horas de extrema tensión, dieron un giro de luz cuando los ladridos ahogados de un perro y el débil maullido de un gato guiaron a los binomios caninos hacia puntos específicos del colapso. Con palas, picos y, en muchos casos, usando sus propias manos para no causar más daño, los rescatistas lograron liberar a varios animales que se encontraban atrapados.
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