Cristian Valadés y Claudia Carranco son una joven pareja que, motivada por el bienestar de su hijo, decidió emprender un negocio de fruta picada y aguas frescas en la carretera federal Acapulco-Zihuatanejo. Lo que comenzó como una modesta carretilla se ha transformado, tras cinco meses de arduo trabajo, en un puesto establecido donde ofrecen productos frescos como sandía, piña y tepache frío desde las seis de la mañana.
Su rutina comienza a las 4:00 AM con la selección de insumos en el mercado, demostrando una disciplina inquebrantable. A pesar de los retos físicos y los riesgos de trabajar junto al flujo vehicular, la pareja apuesta por la libertad del comercio propio y la unión familiar. Su historia resalta el valor del esfuerzo cotidiano en Guerrero, donde buscan que su pequeño negocio siga creciendo como un legado de superación para su comunidad.
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