Durante todo este tiempo, la familia nunca dejó de buscarlo, recorriendo calles y difundiendo su imagen sin perder la fe.
Después de tanto tiempo separados, existía el temor de que el animal estuviera asustado o no lograra reconocer su entorno.
Sin embargo, bastó un segundo. En cuanto ella susurró su nombre, el perro se detuvo, la reconoció al instante y el tiempo pareció detenerse.