Un ejemplo de esta tenacidad es Doña Gloria, una comerciante que ha dedicado más de cuatro décadas a su negocio en el emblemático Zócalo de Acapulco.
La comerciante recuerda con nostalgia las épocas en que el puerto recibía visitantes de todo el mundo —japoneses, europeos y canadienses—, mientras que hoy la afluencia es mayoritariamente nacional.