A diferencia de los métodos antiguos basados en bots de software fácilmente detectables, estas nuevas instalaciones utilizan hardware automatizado de última generación. Los equipos cuentan con mecanismos físicos que tocan, deslizan (swipe) y hacen scroll continuamente sobre las pantallas de cientos de teléfonos móviles, imitando a la perfección el comportamiento de un usuario real.
El objetivo detrás de estas operaciones es puramente económico. Agencias de marketing dudosas, influencers en busca de fama rápida y campañas de desinformación política contratan estos servicios para alterar artificialmente el alcance de sus publicaciones, monetizar canales de forma fraudulenta o posicionar narrativas específicas en las tendencias globales.
Hasta el momento, empresas detrás de plataformas de videos cortos no han emitido una postura oficial sobre cómo planean combatir esta nueva ola de manipulación física, la cual pone en jaque la credibilidad de las métricas que sostienen el negocio de la publicidad digital.
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