A pesar de que un oso polar adulto puede superar fácilmente los 500 kilogramos de peso, logra desplazarse sobre capas de hielo extremadamente delgadas sin romperlas ni resbalar, todo gracias a una fascinante adaptación evolutiva en sus extremidades.
Especialistas en biología marina explican que el secreto radica en la superficie de sus extremidades. Las enormes patas de los osos polares funcionan como raquetas de nieve naturales: su amplio tamaño permite distribuir la masa corporal de forma uniforme sobre un área más extensa, evitando que la presión ejercida quiebre el frágil hielo marino.
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