El fenómeno, que no se registraba en la península con estas características desde 1912, desplegó un espectáculo único en el cielo. Durante los minutos que duró la totalidad, la Luna alineó de forma perfecta su órbita entre la Tierra y el Sol, bloqueando por completo la luz solar y permitiendo apreciar a simple vista la majestuosa corona del astro rey.
La expectación previa no era para menos. Generaciones enteras de españoles crecieron sin la oportunidad de presenciar un eclipse total sin salir del país. Desde primeras horas del día, observatorios astronómicos, puntos elevados y plazas públicas se llenaron de aficionado(a)s, familias y científicos equipados con gafas de protección homologadas y telescopios especiales.
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