En ciudad Nezahualcóyotl, una zona Federal donde no se puede construir una vivienda digna, junto a las vías del tren se sitúan casas de cartón, donde la pobreza extrema existe, casas donde viven los pepenadores del bordo de Xochiaca. Pocas personas tienen trabajo y quien tiene su trabajo es la basura. Aquí en el bordo de Xochiaca son recolectores con carritos remendados, entran al basurero y recolectan todo lo que puede tener valor para venderlo.
Una historia que se repite generación tras generación en un país que carece de oportunidades, para este sector. Las familias crecen muy rápido en sus casas de cartón de 2 × 2, la niñez se interrumpe desde temprana edad al ser madres o padres, demasiado pronto.
Un trabajo que no siempre les da para comer “nos enfrentamos a enfermedades. Hay veces que sacamos para la comida. Hay veces que no sacamos“ Miguel pepenador de Xochiaca.
La historia de Zoila es más triste, platica que ha intentado buscar trabajo y que el gobierno le ha dado falsas esperanzas.
“No me dan trabajo ya, piden estudios primaria, terminada o secundaria, papeles y no tengo. “Aquí apenas nos vinieron a desalojar.” “Que vivienda digna, que México sin hambre, siempre ha dicho el gobierno eso y no se ve nada.”
7 años viviendo con colchones regalados y comiendo, alimentos que llevan días en una cocina improvisada no es suficiente, a esta situación se suma el consumo de estupefacientes, “mis hijos, cayeron en drogas, por lo mismo que estamos en un lugar así”.
Familias destruidas.
Un lugar sin ayuda del gobierno donde las familias se destruyen fácilmente, porque sus hijos buscan la salida fácil en la delincuencia y drogadicción, lo que puede provocar que las madres sean víctimas de sus propios hijos, como el caso de Viky.
“ Cayeron en la drogadicción, le ganó el alcohol, las mujeres y el vicio, y pues ahorita anda muy mal”. “Ya no quiere que yo le llame la atención y me quiso pegar y tuve que llamar a la patrulla y se lo llevaron a los separos”. Comenta Viky una de las muchas mujeres que viven en esta situación.
Estas son las huellas de la pobreza extrema, de los que no tienen papeles, de los que no tienen estudios ni identificaciones, son los olvidados.