El hallazgo ha transformado la rutina de las comunidades montañesas, quienes, lejos de quedarse de brazos cruzados ante la sorpresa, han organizado una movilización civil sin precedentes para canalizar el recurso.
Tras el descubrimiento del flujo de agua en una zona donde históricamente predominaba la roca seca y la nieve estacional, los habitantes de las aldeas circundantes se coordinaron para asegurar el aprovechamiento del líquido.