Desde las primeras horas de la manifestación de este fenómeno, la fuerza del mar obligó a los comerciantes a retirar de manera total el mobiliario de playa, incluyendo toldos, sillas y camastros, para evitar que fueran arrastrados por las olas. Esta situación ha paralizado prácticamente la actividad comercial en uno de los puntos turísticos más tradicionales de Acapulco.
De acuerdo con los afectados, la falta de espacio en la franja de arena y el peligro latente por el alto oleaje han ahuyentado por completo a los visitantes, lo que se traduce en pérdidas económicas que van en aumento hora con hora en un sector que apenas se recuperaba de temporadas previas.
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