Comerciantes y enramaderos de la región manifestaron su creciente preocupación, señalando que la actividad comercial en la franja de arena se encuentra completamente paralizada. Como medida preventiva para evitar que la fuerza del agua devastara su patrimonio, los locatarios cumplieron ya un mes de haber retirado por completo su mobiliario playero, incluyendo sillas, camastros y estructuras de enramadas.
“Ya está el mar hasta arriba... estamos esperando a ver si llega un poco de gente aquí, pero ahorita no hay nada, la venta está peor”, expresó Francisco Braulio, prestador de servicios turísticos afectado.
De acuerdo con el último reporte emitido por las autoridades de Protección Civil, el pronóstico de oleaje elevado se mantiene con alturas que oscilan entre 1.5 y 2.5 metros de altura. Estas condiciones generan marejadas recurrentes que reducen al mínimo el espacio transitable de la playa.
La bandera roja ondea de manera imponente desde la playa Revolcadero hasta la Bonfil, como un recordatorio constante del peligro latente que se vive en esta extensión de mar abierto.
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