El fenómeno natural destruyó la infraestructura de decenas de negocios locales y paralizó la actividad turística y pesquera de la región.

Según los reportes de los ramaderos y comerciantes locales, al menos 65 enramadas sufrieron daños estructurales severos en sus cimientos debido al fuerte oleaje, lo que les impide por completo continuar prestando servicios al turismo.

Los prestadores de servicios turísticos enfrentan un panorama crítico. Los afectados señalan que para poder levantar sus enramadas y reiniciar sus labores necesitan una inversión individual que oscila entre los 35 mil y 40 mil pesos; recursos con los que, aseguran, no cuentan en este momento.

A los daños en la zona de playa se suma el impacto en el sector pesquero. El alto oleaje, combinado con las recientes lluvias, provocó el hundimiento de entre cinco y seis embarcaciones menores. Si bien algunas pudieron ser rescatadas por los propios pobladores durante la noche, el hundimiento de estas lanchas representa una pérdida directa para el sustento de múltiples familias que dependen exclusivamente de la pesca diaria.

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