Cientos de manifestantes se congregaron a las afueras del Knéset (el Parlamento israelí) para expresar su rechazo a una nueva y controvertida ley que busca habilitar la pena de muerte en casos de terrorismo.
La protesta, que escaló rápidamente en intensidad, fue interceptada por unidades de la policía israelí. Para evitar que los manifestantes bloquearan los accesos al edificio gubernamental o rompieran los perímetros de seguridad, las fuerzas del orden desplegaron cañones de agua para dispersar a la multitud.
Imágenes del lugar muestran a activistas siendo impactados por los chorros de agua a presión mientras ondeaban banderas y gritaban consignas contra lo que consideran una medida que “atenta contra los valores democráticos y los derechos humanos”.