Los pasillos, usualmente inundados por el aroma de la carne asada y el guiso de res, han dado un giro de 180°C para abrazar las tradiciones cuaresmales, ofreciendo a locales y visitantes una variedad gastronómica que respeta la vigilia sin sacrificar el sabor.
La transición es evidente en las pizarras de las fondas. Según los locatarios, la demanda de carnes rojas cae drásticamente durante estos días, lo que obliga a los cocineros a desplegar su ingenio para mantener cautiva a la clientela.
Entre los puestos más concurridos se encuentra el de María Ascensión Pineda, conocida cariñosamente como “Doña Mari”, quien cuenta con más de 30 años de experiencia alimentando a las familias de Chilpancingo. Para ella, la Semana Santa no es una limitación, sino una oportunidad para resaltar ingredientes locales.