A través del muralismo, participantes de distintas edades han encontrado una vía para plasmar sus emociones, recuerdos y visiones del mundo, rompiendo barreras en una disciplina tradicionalmente dominada por hombres.
Para muchas de las asistentes, esta iniciativa representa su primer acercamiento formal a las paredes públicas. Kenia Raviela, apasionada de las artes visuales y las manualidades, comparte que aunque suele pintar sobre lienzos en la intimidad de su hogar, el muralismo ofrece una dimensión completamente distinta.
Los motivos plasmados en el gran muro colectivo son tan diversos como las historias de quienes sostienen las brochas. Desde coloridos guacamayos y elementos de la naturaleza hasta figuras cargadas de un profundo significado personal.
Es el caso de Janis González, quien decidió dedicar su sección del mural a un homenaje muy especial: un perrito. “Era mi mascota, que falleció apenas en diciembre; lo tuve por 13 años”, relata conmovida. “Justamente el arte nos sirve para plasmar todas nuestras emociones, sentimientos, o también para poder rememorar y recordar todo eso”.
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