Entre las ruinas de lo que alguna vez fueron hogares en la Franja de Gaza, la infancia ha encontrado una forma de reclamar su derecho a la alegría.
Lo que para los adultos es el resto de una estructura colapsada, para un grupo de niños se ha convertido en la base de su diversión. Utilizando una viga de hierro retorcida y cuerdas improvisadas, han fabricado un columpio que se mece sobre el polvo y los escombros.
La imagen de estos niños columpiándose sobre el desastre es un recordatorio punzante para la comunidad internacional. Nos dice que, incluso cuando las estructuras físicas se derrumban, el deseo de vivir y la inocencia permanecen vigentes.
“Ríen como si el mundo no se hubiera acabado”, comentan quienes han presenciado la escena. En su balanceo, estos pequeños no solo mueven el aire, mueven la conciencia de quienes ven en los escombros algo más que simple material de construcción.
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