El cliente, quien esperaba pacientemente a ser atendido en una estación de servicio, no lograba comprender por qué el despachador de la gasolinera tardaba tanto en acercarse a su vehículo… hasta que dirigió la mirada hacia el suelo y descubrió una conmovedora escena.
El empleado no estaba ignorando sus obligaciones laborales; se encontraba de rodillas sobre el pavimento, concentrado en una delicada tarea de rescate: le estaba extrayendo con extremo cuidado una enorme astilla de la pata a un perro callejero.
De acuerdo con el testimonio del automovilista, al principio sintió una ligera frustración por la demora en el servicio. Sin embargo, el sentimiento cambió por completo a una profunda admiración cuando observó al trabajador hablarle con voz suave al canino para mantenerlo tranquilo mientras realizaba la “operación”.
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