Al caer la tarde, el malecón de Acapulco y las orillas de la Bahía de Santa Lucía se llenan de vida. No solo son pescadores de oficio, sino familias enteras y jóvenes que ven en esta actividad una forma de desestresarse y relajarse.
José Miguel, un joven aficionado, destaca que la pesca le permite “desconectarse” del bombardeo digital. Gracias a las enseñanzas de familiares, ha aprendido no solo a pescar, sino también a nadar y a convivir con el entorno marino.