En una ciudad como Acapulco, donde la oferta gastronómica es inmensa y las cenadurías abundan en cada esquina, Santiago sabe que la competencia es feroz. Para él, la clave no es solo cocinar, sino construir una relación con sus clientes.
A pesar de que la difusión y la publicidad son procesos lentos que a veces generan frustración, su compromiso con el sabor se mantiene intacto.