Este ritual ancestral no es solo una prueba de coraje, sino una tradición profundamente ligada a la tierra y la espiritualidad local.
La ceremonia consiste en una estructura de madera y ramas que alcanza más de 30 metros de altura. El ritual sigue pasos precisos que parecen imposibles para el ojo moderno:
Sin arneses, cuerdas elásticas ni tecnología. El saltador se ata únicamente lianas naturales a los tobillos.
La precisión es vital; las lianas están calculadas para tensarse y frenar al hombre justo antes de que su cabeza toque el suelo.