Lejos de ser concebida como un homenaje a los fieles difuntos, la icónica figura nació como una mordaz crítica a las contradicciones de la sociedad mexicana de finales del siglo XIX y principios del siglo XX.
De acuerdo con registros históricos y análisis culturales, la autoría original recae en el célebre grabador, ilustrador y caricaturista mexicano José Guadalupe Posada. En el año de 1912, en el clima previo al estallido de la Revolución Mexicana, Posada plasmó en un grabado metálico una calavera con un ostentoso sombrero de plumas de avestruz de corte francés, bautizada inicialmente como la “Calavera Garbancera”.
El término “garbancero” hacía referencia en aquella época a las personas de origen indígena que, avergonzadas de sus raíces, dejaban de vender maíz para dedicarse a la venta de garbanzo, intentando simular un estilo de vida europeo —particularmente español o francés— y renegando de su propia cultura.
Con esta ilustración, Posada se burlaba de aquellos sectores de la población que vivían en condiciones de precariedad extrema, pero que hacían enormes esfuerzos por aparentar una posición económica elevada. La frase popular que resumía el trasfondo de la obra era la de estar “en los huesos, pero con sombrero francés”.
Hoy en día, su rostro plasmado en altares, disfraces y caracterizaciones representa la célebre visión de que, ante la muerte, no existen clases sociales ni apariencias que valgan: todos, tarde o temprano, terminamos siendo calaveras.
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