Juana López Hernández no solo cocina para alimentar el cuerpo, sino que durante más de cuatro décadas ha sazonado su comida con la historia de una madre que decidió no rendirse.
Todo comenzó hace 41 años. Con un hijo de apenas siete años y la urgencia de sacar adelante a su familia, Juana convirtió la necesidad en emprendimiento. No hubo manuales ni grandes inversiones, solo la determinación de una mujer que sabía que el trabajo duro era la única salida.
“Pues le di la idea yo de cómo hacer... yo vendía comida, vendía atole, lo que sea”, recuerda con sencillez sobre aquellos primeros pasos donde cualquier platillo era una oportunidad para salir adelante.
Lo que empezó como una venta de atole y antojitos se transformó en un legado que ha alimentado a generaciones. Para sus clientes, las enchiladas de Doña Juana son un clásico; para ella, son el recordatorio de cada obstáculo superado.