La economía de las familias acapulqueñas enfrenta un punto de inflexión. El incremento desmedido en los productos de la canasta básica y los servicios energéticos ha generado un efecto dominó que hoy mantiene en jaque al sector comercial de artículos no esenciales, con caídas en ventas que superan el 50%.
La inflación no solo se siente en los bolsillos, sino en la dinámica de los mercados locales. Productos fundamentales como el jitomate, cebolla, huevo, pollo y tortilla han registrado alzas que obligan a los consumidores a destinar la totalidad de sus ingresos a la alimentación.
Para los vendedores de ropa, calzado y accesorios, el panorama es desolador. La comerciante Antonia Sarahí señala que la falta de fluidez económica ha provocado una baja histórica en la afluencia de clientes. Muchos de estos negocios son el único sustento de familias locales, que ahora ven cómo sus inventarios se quedan en los anaqueles debido a que el consumo de ropa ha pasado a ser un “lujo” de segundo plano.
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