De acuerdo con el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), el movimiento telúrico se registró a una profundidad somera de solo 10 kilómetros, localizando su epicentro a unos 46 kilómetros al este-sureste de Palu.
La escasa profundidad del sismo amplificó la intensidad del temblor en la superficie, el cual se prolongó por más de un minuto, reviviendo el trauma de los habitantes de una localidad que fue devastada hace unos años por un catastrófico terremoto y posterior tsunami.
La reacción de pánico absoluto entre los residentes tiene una explicación histórica profunda. En septiembre de 2018, Palu sufrió un terremoto de magnitud 7.5 que desencadenó un tsunami con olas de hasta tres metros y un masivo proceso de licuefacción del suelo (donde la tierra se comporta como líquido tragándose vecindarios enteros). Aquella tragedia cobró la vida de más de 4,000 personas, dejando una cicatriz emocional imborrable en la comunidad que hoy, ante el nuevo temblor, volvió a temer lo peor.
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