Durante una expedición en la cueva Veryovkina reconocida como la más profunda del mundo con más de 2,200 metros de descenso, los integrantes del equipo vivieron un episodio escalofriante al arrojar una enorme piedra hacia el abismo.
El objetivo era evaluar la profundidad y la resonancia de una de las simas no mapeadas del sistema subterráneo. Sin embargo, cuando el bloque de roca finalmente impactó contra la superficie en el fondo, la acústica del lugar devolvió un fenómeno perturbador: un eco distorsionado que resonó de manera idéntica a un desgarrador grito humano.
El sonido, amplificado y alterado por las angostas paredes de piedra y la extrema presión del aire a más de dos kilómetros bajo tierra, se propagó por la cavidad en segundos. La semejanza con un alarido de auxilio fue tan nítida que desató el pánico inmediato entre los presentes, quienes por un momento temieron no estar solos en la penumbra.
Expertos en geofísica y acústica subterránea explican que este tipo de fenómenos, aunque aterradores, son el resultado de la resonancia de Helmholtz y la reflexión de ondas sonoras en cavidades irregulares. Cuando una masa grande impacta el fondo de un pozo profundo, el aire es comprimido bruscamente y expulsado a través de fisuras estrechas, generando frecuencias que el oído humano interpreta instintivamente como voces o gritos.
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