El gigantesco muro de polvo y arena avanzó con rapidez sobre la metrópolis, levantando masivas cortinas que tiñeron el cielo de un tono ocre oscuro. Testigos en el lugar captaron cómo la visibilidad en las principales avenidas se redujo de forma drástica a menos de unos pocos metros, lo que obligó a los automovilistas a encender sus luces de emergencia y circular a velocidad mínima para evitar colisiones masivas en las vialidades.
Las ráfagas de viento asociadas al fenómeno provocaron el pánico entre los ciudadanos; en redes sociales se difundieron imágenes de estudiantes huyendo hacia el interior de los planteles y de la caída de techumbres y estructuras urbanas debido a la fuerza del viento.
Hasta el momento, los equipos de protección ambiental y los servicios de salud de la región se mantienen en alerta máxima. Las autoridades monitorean de cerca el índice de calidad del aire debido a las peligrosas concentraciones de partículas suspendidas que circulan en diversas zonas de la ciudad, por lo que han recomendado a la población permanecer en espacios cerrados y usar protección adecuada en caso de salir.
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