El desastre se desencadenó como consecuencia directa del volumen acumulado de agua por las constantes inundaciones que han azotado a la región. El suelo, completamente saturado e incapaz de absorber más líquido, perdió toda su estabilidad estructural. En cuestión de segundos, toneladas de lodo, rocas y escombros cedieron ante la gravedad y descendieron violentamente por la ladera, arrasando con todo a su paso.
Entre el pánico generalizado, la tragedia también dejó muestras de instinto y supervivencia. Testigos presenciales relataron cómo una madre, tras percatarse del estruendo y la masa de tierra que se aproximaba a gran velocidad, logró reaccionar a tiempo y corrió desesperadamente sosteniendo a sus dos pequeños hijos para ponerse a salvo, esquivando el impacto por apenas unos segundos.
Las autoridades de rescate y los equipos de emergencia se despliegan en la zona afectada para evaluar los daños, atender a los damnificados y verificar si existen personas atrapadas bajo los escombros. Se mantiene la alerta máxima en las zonas contiguas debido a que la inestabilidad del terreno y el pronóstico meteorológico amenazan con provocar nuevos derrumbes.
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