Se trata del género Cercis, conocido comúnmente en distintas regiones como Árbol de Judas, Árbol del Amor o en ocasiones confundido localmente con variantes de follaje rojizo.
A diferencia de la mayoría de las especies arbóreas, cuyas flores crecen en los extremos de los brotes jóvenes o en las puntas de las ramas, el Cercis presenta una rara característica biológica denominada caulifloria (palabra que deriva del latín y significa “flores en el tallo”).
Además de su valor estético en el paisajismo urbano debido a su gran resistencia a la sequía y adaptación a diversos suelos, las flores de este árbol son comestibles. Tradicionalmente en la cuenca mediterránea se han empleado en ensaladas o preparaciones gastronómicas por su ligero sabor agridulce.
El florecimiento directo desde la corteza del Cercis continúa siendo un recordatorio anual de las fascinantes formas en que la flora adapta sus estructuras para sobrevivir y perpetuarse en el ecosistema.
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