La problemática ha escalado hasta afectar la economía local. Durante las vacaciones de Semana Santa y Pascua, los niveles de aguas negras en las entradas de los establecimientos impidieron la llegada de visitantes.
La señora Enedina Palma, una de las principales afectadas, relató con angustia cómo esta contaminación ha mermado su calidad de vida y la de su familia.
Según los afectados, esta situación no es nueva; la problemática persiste desde hace 20 años, pero en la actualidad el daño al medio ambiente y a la salud se ha vuelto insostenible.
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