Son aves gregarias que forman vínculos familiares fuertes. Han aprendido a reconocer a los humanos que las alimentan, llegando a visitar los mismos balcones a horas exactas cada día.
Con los cuidados y el entorno adecuado, estas guacamayas pueden vivir hasta 50 años, lo que permite que se generen relaciones de confianza con los habitantes de la ciudad a lo largo de décadas.