Durante años se ha creído que pasar mucho tiempo en la alberca o en la regadera hace que las yemas de los dedos absorban agua hasta hincharse y arrugarse. Sin embargo, la ciencia confirma que esta idea es un mito. El fenómeno no es una reacción física pasiva, sino un mecanismo activo y controlado por el organismo.
Tras pasar unos minutos bajo el agua, el sistema nervioso autónomo ordena a los vasos sanguíneos de las yemas que se contraigan. Al reducir el flujo sanguíneo en esa zona, la piel se encoge desde abajo, creando esos pliegues característicos de forma intencionada.
Para esta y más información, síguenos en nuestras redes sociales como en Facebook: Azteca Guerrero , vía Twitter: @Azteca_Gro , Instagram: @tvaztecaguerrero y TikTok: @tvaztecaguerrero.