Lo que a simple vista parece un sencillo juego de colores en el cielo tras la lluvia es, en realidad, una compleja y perfecta combinación de física y meteorología. El arcoíris se mantiene como uno de los fenómenos naturales más admirados del planeta, pero detrás de este arco multicolor existe un preciso proceso óptico.
Este fenómeno se produce cuando la luz solar interactúa con millones de microscópicas gotas de agua suspendidas en la atmósfera. Dichas gotas actúan como diminutos prismas que esparcen la luz en todas direcciones. Sin embargo, el ojo humano solo puede percibir el arcoíris bajo un ángulo específico: alrededor de 42 grados respecto a la línea visual del observador.
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