La temporada de Día de Muertos en México está incompleta sin el tradicional pan, un elemento cuya historia se remonta a la época prehispánica como parte de las ofrendas rituales dedicadas a la diosa Cihuapipiltin para recordar a las mujeres que fallecían durante su primer parto.
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De acuerdo con datos históricos, en aquellos tiempos se elaboraba el papalotlaxcalli o pan de mariposa, una especie de tortilla con un sello de amaranto, así como el huitlatamalli, antecedentes directos de la repostería que hoy adorna los altares del país.
El significado de sus partes y deidades
En su diseño actual, la estructura circular simboliza el ciclo de la vida y de la muerte mientras que la esfera superior representa el cráneo o el corazón del difunto; a los lados, las cuatro tiras en relieve aluden a los huesos y a los puntos cardinales del calendario azteca asociados con deidades como Quetzalcóatl, Xipetotec, Tláloc y Tezcatlipoca.
Aroma para las ánimas y tradición viva
El aroma característico a flor de azahar y naranja que impregna el pan también cumple una función ceremonial, ya que se utiliza para guiar a las ánimas hacia las ofrendas colocadas en los hogares mexicanos durante las festividades de noviembre.
Aunque su consumo se intensifica desde la última semana de octubre y alcanza su punto máximo el 1 y 2 de noviembre, la elaboración de este alimento se ha convertido en una de las expresiones culinarias y culturales más representativas del país.
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