El artista utiliza una pequeña caja metálica (similar a la de unos caramelos) que funciona simultáneamente como paleta y caballete.
Esta tendencia de “mini-arte” resalta la capacidad humana de concentrar la atención en los detalles más sutiles, recordándonos que la belleza se puede encontrar (y pintar) en cualquier rincón del mundo cotidiano.