Cuando el viento empuja el árbol, este actúa como una palanca gigante. Al balancearse el tronco, las raíces se elevan, levantando consigo una gran sección de la capa superior del suelo (musgo, tierra y hojarasca).
Cuando el viento cesa por un instante, el peso del árbol devuelve el suelo a su posición original, creando la ilusión óptica de que el bosque está respirando profundamente.