Lo que el año pasado comenzó como un experimento caótico, hoy se consolida como una competición de alto rendimiento que está cerrando la brecha entre la máquina y el atleta olímpico.
El 40% de los equipos inscritos compite en la categoría de 100% autonomía. Estos robots no utilizan control remoto; dependen exclusivamente de sus sensores, algoritmos de IA y sistemas de visión computarizada para navegar la ruta.
La organización ha dado un salto cualitativo con un diseño de seguridad profesional. El circuito cuenta con barreras estructurales y protocolos de emergencia que contrastan con la desorganización de la primera edición, garantizando la integridad tanto de los prototipos como de los espectadores.