Estudiantes universitarios han adoptado la costumbre de dejar sus mochilas y bolsos desatendidos en espacios públicos para ir a realizar actividades recreativas, confiando plenamente en que nadie tocará sus pertenencias.
Lo que en ciudades como Nueva York, Londres o Ciudad de México sería una invitación segura al robo, en China es una práctica cotidiana. Los jóvenes llegan a las estaciones, depositan sus bolsos en bancos o rincones de los pasillos y se marchan a cenar o divertirse, regresando horas más tarde para encontrar sus objetos exactamente donde los dejaron.
Esta “sensación de seguridad increíble”, como la describen usuarios en redes sociales bajo el hashtag #China, se atribuye a una combinación de factores tecnológicos y culturales