Mientras los pescadores realizaban sus labores habituales, el depredador, aparentemente atraído por el sedal o las capturas del día, realizó una maniobra inesperada que lo llevó directamente al interior de la cubierta.
El espacio reducido del barco convirtió la presencia del escualo en un riesgo inmediato tanto para los pescadores como para el propio animal.