Los fabricantes deberán demostrar que sus unidades resisten más de 300 ciclos de carga rápida y cortocircuitos externos sin generar llamas ni gases tóxicos en la cabina.
Varias ciudades ya han comenzado a prohibir el estacionamiento de coches eléctricos en aparcamientos subterráneos si no cumplen con ciertos protocolos de monitoreo de temperatura en tiempo real.