En lugar de esconder sus huevos entre rocas o arena, practican la incubación bucal, convirtiendo su propia boca en una fortaleza biológica.
Durante este periodo, el “padre canguro” a menudo debe dejar de alimentarse casi por completo para no tragarse accidentalmente a sus crías, dedicándose exclusivamente a oxigenar los huevos moviéndolos suavemente dentro de su boca.