La integración de robots en las artes escénicas ha dado un giro fascinante, llevando a estas máquinas más allá de la eficiencia para explorar la gracia y la precisión acrobática.
Estos robots están siendo programados para seguir el ritmo, adaptarse a las variaciones del escenario y, en muchos casos, interactuar directamente con el público, borrando la línea entre la máquina y el artista.